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Posts Tagged ‘empresa’

Durante todo el tiempo que llevamos escribiendo sobre cine y empresa creo que hemos abordado bastantes temas relacionados. Cómo dice Ángel ya se acaba el curso y tenemos que ir terminando nuestro blog. Para uno de mis últimos post he elegido el tema de los cortometrajes de cine. Me alegro que no se me ocurriera antes y haber reservado el tema para este momento.

Los cortos son importantes, de eso no hay duda, obtienen premios a los mejores cortos, se puede buscar por Internet los 50 o 100 mejores cortometrajes, y, al igual que los largometrajes, han ido evolucionando, adaptándose e incluyendo los nuevos avances tecnológicos.

Se pueden encontrar cortos de todo tipo, de denuncia social, de dibujos animados, de cine mudo… A mi juicio, lo que hace grande a un corto es la idea, la originalidad añadida que tienen que tener para impactar en el público y con el escaso tiempo con el que cuentan. Ese don innato que tienen los productores de cortometrajes es hoy valorado tanto por los críticos de cine como por la población, pero hubo un tiempo en el que no existía tal reconocimiento social. Por ello, dedico esta entrada a los productores, directores y guionistas que a pesar de no haber sido valorados durante mucho tiempo, siguieron luchando, trabajando y sacando a la luz sus grandes obras.

A continuación una serie de cortometrajes que merecen la pena ser vistos, aunque hay muchísimos más increíbles y se pueden encontrar en Internet:

 

 

 

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La información sobre cine nos llega desde muchos medios de comunicación que al fin y al cabo son empresas. Compañías que buscan unos beneficios y que, en bastantes ocasiones, ven cubierto su objetivo ofreciendo programas dedicados al cine. En radio y televisión, además de incluir en algunos programas espacios en los que se debate sobre el cine, cuentan con programas especializados en la producción cinematográfica. Hay revistas de cine, periódicos que incluyen a diario la cartelera de las taquillas, y suplementos de prensa (Babelia, suplemento semanal de El País, que más de uno lo conocerá bastante) que ofrecen también informaciones para que la sociedad conozca el mundo del cine. Pero la producción de estos programas requiere un esfuerzo, una recogida de datos, en definitiva, el trabajo de los periodistas dedicados a divulgar las creaciones cinematográficas.

Por lo general, las empresas informativas no cuentan con un centro de documentación específico sobre cine. Por ello, suelen acudir a la documentación RTVE (Radio Televisión Española) para conseguir la información que necesitan para la elaboración de sus programas. No obstante, dependiendo del tipo de cine que se trate en el programa la recogida de datos y documentación será variable. Por ejemplo, si uno se dedica al análisis de las nuevas producciones, la información la podrá recoger de los mismos creadores o de las distribuidoras. En cambio, otro dedicado al cine más antiguo, tendrá que necesitar con mayor frecuencia los archivos y los centros de documentación.

Según la obra realizada por Luis Cano y Juan Pol, “La Documentación de los Programas de Cine en Televisión”, el proceso de documentación para elaborar dichos programas se desarrolla, fundamentalmente, mediante dos fases:

  1. Recepción, búsqueda y selección de la información. Trabajo realizado por el equipo de producción, que prepararán la información para ser tratada posteriormente.
  2. Tratamiento de la información. De este paso se ocuparán el equipo de redacción, que clasificarán la información en función de la estructura del programa específico de cine.

En principio, se podría hacer una clasificación de los programas de cine en televisión entre los que se dedican a las películas actuales como el conocido programa “Cartelera”, y los que intentan que el cine de hace unas décadas no quede en un segundo plano por la imposición de las nuevas tendencias cinematográficas, como “Versión Española”, dedicado específicamente a las películas españolas producidas en los años 60 más o menos. Pero hay más programas que traten el tema, como el caso de “Días de Cine” dedicado específicamente a la crítica y a analizar los festivales de cine. “Estamos rodando” es otro programa que ofrece los making off de las nuevas películas.

RNE (Radio Nacional de España) cuenta también con varios programas de cine para que los aficionados a la radio puedan estar al día sobre las producciones, ofrecen críticas cinematográficas, analizan las producciones… éstos programas son “De película”, “De Cine”, “Cinésporas” y “En Escena”.

Y en revistas, se destacan dos fundamentalmente. La primera “Dirigido Por” que  “publica estudios de la obra de grandes directores alternando los clásicos, los modernos, entrevistas y dossier sobre temáticas determinadas. Y Fotogramas, otra fuente de referencia cinematográfica que ha ido con el paso del tiempo incorporando los nuevos soportes, desde la televisión al video, el DVD e Internet.”

 

El tema del cine, aunque se encuadre en la sección de cultura, apartado desvalorizado en los últimos tiempos, aporta información que interesa a la población y que, por tanto, aporta beneficios económicos a los medios de comunicación que, como he dicho al comienzo de este post, son empresas al fin y al cabo, empresas informativas.

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En el último post que escribí el miércoles pasado sobre la evolución en todos los sentidos del cine de animación ya lo mencionaba: Walt Disney compraba a Pixar en 2006. Ahora, le voy a dedicar esta entrada a ese acontecimiento, a esa unión entre las dos productoras más conocidas dedicadas al cine de los dibujos animados.

En un principio se unieron para producir conjuntamente una serie de películas (de cine de animación tridimensional). Ocurrió a mediados de la década de los noventa, cuando estas dos productoras formaron una sociedad para producir tres películas que seguro que todos conocemos y, la gran mayoría, las habrán visto. Éstas son: Toy Story, Buscando a Nemo y Los Increíbles.

En enero del 2006 ya habría acabado el contrato que unía a Disney y Pixar. Al terminar estos tres proyectos parecía haber acabado la relación entras las dos productoras por disputas y no llegar a un acuerdo en la repartición de los beneficios entre Steve Jobs, consejero delegado de Pixar y más conocido como el dueño de Apple, y Michael Eisner, el que era presidente de Disney en aquel momento.

Disney cambió de presidente por Robert Iger. El nuevo presidente arregló las relaciones con Pixar y tras varios encuentros con Jobs y Ed Catmull (presidente de Pixar) llegaron a un acuerdo mediante una oferta de compra que consistía en la adquisición de la empresa de animación Pixar por un valor de 7.400 millones de dólares. Además, los accionistas recibieron 2’3 acciones de Walt Disney por cada una de las acciones que tuvieran en Pixar. Esto convertía a Steve Jobs en el mayor accionista de Disney con un 7% de las acciones, valoradas en 3.500 millones de dólares, además de ocupar un puesto de directivo en la nueva empresa formada finalmente en el verano de ese mismo año, en 2006. Los demás cargos quedaron así: Ed Catmull como presidente de la nueva empresa creada entre Disney y Pixar; y Jhon Lasseter, genio de las maravillas de Pixar y vicepresidente de la empresa lo nombraron como Chief Creative Office.

Con esta unión, Disney incluyó en su compañía personas con mucho talento e imaginación para futuros proyectos que hoy vemos su fruto en películas como Cars o la nueva Up, porque para algunos expertos de cine, hace tres años la compañía estaba empezando a decaer.

A continuación una imagen de Steve Jobs, mayor accionista de la compañía y el que fue el dueño de Apple (ya que en la actualidad ha abandonado dicha empresa):

 

steve_jobs

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No nos olvidemos de algo muy importante que no hemos estado mimando lo suficiente: El cine, o más bien, la empresa cinematográfica, posee en su esencia el carácter de empresa informativa. El cine da información. El cine es una forma de transmitir ideas, de expresarse artísticamente. Y para ello, utiliza un soporte o medio de comunicación social: el cine mismo.

El cine es, al fin y al cabo, una empresa informativa. Para J. Tallón, una empresa informativa, satisface la necesidad social de información mediante la actividad de creación, edición y difusión de ideas, hechos y juicios utilizando medios humanos, elementos técnicos y materiales, recursos económicos y relaciones comerciales.

Ahora releed el párrafo anterior pensando en el cine. ¿Encaja verdad? Espero que esto sirva para enderezar un poco el rumbo de nuestro quehacer en este blog.

Aprovecho para dar un saludo (parece que estoy saliendo por la tele o algo) a todos aquellos que nos leen y que se interesan por nuestro blog, inclusive a nuestros compañeros que navegan por los blogs de todos xD.

Gracias

Equipo de La Butaca Empresarial

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“…el cine se hace con dinero, y el dinero del cine es el más cobarde de todos”.

Miguel Picazo (2002), en Óscar de Julián, (2002, pág. 90)

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El papel del distribuidor en el cine ¿qué papel desempeña esta pieza del engranaje cinematográfico?

A continuación, podeís ver un rápido (y tanto) sondeo por la Facultad de Comunicación sobre la noción de distribuidora que puede tener la gente que tiene una relación estrictamente formal con el cine. No hay que decir que no tiene ningún valor estadístico (donde va a parar…).

Teniendo también al fallecido productor y profesor Antonio Cuevas como referencia, voy a dar una definición de distribución: es la actividad mediadora entre producción y consumo, y hace la función de comerciante intermediario. Primero, recibe las obras por parte del productor (manteniendo una relación parecida al de explotador de una idea e inventor de la misma) y las lleva a los exhibidores, es decir, a las salas de nuestros cines. De esta forma, el distribuidor sitúa la película al alcance del espectador, lista para ser “consumida”.

Para ser más concretos, según la Directiva de 15 de octubre de 1968 de la CEE, “son consideradas como actividades de distribución y de alquiler de films todas las que comportan la disposición de derechos de explotación económica de un film respecto a su difusión comercial en un mercado determinado, y la cesión, con carácter temporal, de los derechos de representación pública a todos los que organizan tales representaciones”.

Vayamos al grano… el distribuidor. Este papel comporta disciplinas tan diversas como la publicidad, el estudio de mercado, la venta, la administración, la gestión… Cuando el distribuidor está inmerso en empresas no muy grandes, éstas están casi siempre marcadas por la personalidad del distribuidor-director. Es éste el que selecciona los films a distribuir, tomando riesgos importantes. La formación, los orígenes, la cultura, etc., así como los éxitos y fracasos cosechados anteriormente, marcan las opciones que este personaje tiene que escoger.

El ejercicio de la distribución, comporta departamentos de publicidad, comercial, programación, contabilidad y almacén, conservación y reparto de copias. Por ello, no todas las distribuidoras tienen el poderío económico para poner todas estas áreas en funcionamiento, por lo que pueden recurrir a servicios externos, a subcontratas.

Por mucho que cambie el cine (que ha cambiado mucho de 20 años para acá), algo siempre será igual: una película sigue un proceso de elaboración, negociación, ejecución y ajuste (éste último en unidades de semana: semana de distribución, de exhibición, de programación, etc.).

Os dejo por aquí el link que os llevará a la web de una de las productoras más importantes, con más de 600 films distribuidos desde 1980. Fue la distribuidora de los éxitos El silencio de los corderos o La vida es bella.

Lauren Films

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En nuestro país se ha vivido, como todos sabemos por las historias que cuentan nuestros padres, durante cuarenta años un régimen dictatorial. El franquismo ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad, y también al cine. La censura del régimen llegaba a todos los rincones de la sociedad y la industria del cine tuve que sufrir restricciones a la hora de producir películas si deseaban que apareciesen en las carteleras.

Tras la Guerra Civil, cuando todas las producciones tenían la función de evadir a la sociedad o con un fin propagandístico, llegó la dictadura, época en la que un simple beso no tenía cabida en una película. Pero la censura no actuó los cuarenta años que existió en franquismo de la misma manera, la biblioteca virtual Miguel de Cervantes distingue entre cuatro etapas en esta época sobre el cine español: “Una primera etapa puede caracterizarse como ausente de mayores problemas más allá de los inevitables reparos de carácter moral que sufría cualquier filme de la época. La segunda muestra un enfrentamiento entre las pretensiones críticas y testimoniales de Bardem y la postura represiva adoptada por la administración franquista. La tercera es la más dura puesto que a ella pertenecen los dos primeros y únicos filmes del realizador (Los inocentes y Nunca pasa nada) cuyos guiones fueron prohibidos. La última que aquí abordamos, que coincide con la llegada de José María García Escudero a la Dirección General de Cinematografía.”

Hay dos temas fundamentales por los cuales se realiza dicha censura: la política y el sexo. En cuanto al aspecto político se puede llegar a comprender que existiese dicha censura: no podían permitir que las mentes adormecidas ante la falta de libertad que estaban viviendo despertaran y se revelaran contra el régimen. Las producciones cinematográficas estaban al servicio del dictador. Durante esta época no se podía relacionar al cine con la empresa o el beneficio económico, sino como un elemento más del franquismo manipulador de la sociedad. Una vez más se demuestra la importancia y la influencia del cine en la población. Lo inexplicable es la censura en temas sexuales puesto que aunque sea respetable que el régimen se declarara como católico llegaban a unos límites irracionales. De ahí, que la sociedad se encontrara en un punto de represión extrema y tomaran el tema sexual como un auténtico tabú. Ahora, a pesar de que el Estado se declare laico, la religión que predomina en nuestra sociedad es la católica y aunque la Iglesia seguramente se alarme por las escenas más sexuales que aparecen en las películas, no por ello se prohíbe el visionado de las producciones en las salas de los cines. Pero ahí no acaba todo, también se prohibían las películas extranjeras o, en algunas ocasiones, se modificaba la versión para que fuese “apto para los españoles”.

 

 

El diciembre del año pasado se cumplió 31 años desde que el 7 de diciembre de 1977 apareciera el decreto que garantizaba la libre producción de películas sin que el hacha de la censura limitara a los productores. Lo que ahora vemos como algo lógico y normal hubo un tiempo que no lo fue.

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