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Archive for 11/05/09

Son máquinas de hacer dinero, árboles de la felicidad. Acumulan fortunas, coches, mansiones y todo ello por aparecer, con mayor o menor fortuna, ante las cámaras de cine. Son sus propios productos, las nuevas marcas del siglo XXI, de la era Facebook o del motor de Twiter, una nueva manera de vender que ya se gestaba en los cincuenta con Paul Newman.

El increíble Paul Newman

El magnífico Paul Newman

El start- system nace con la era de masas, a partir de la identificación del público o una apropiación simbólica de las características con un determinado personaje. La inclusión del primer plano, ya en la época joven de Paul Newman, propicio este nuevo sistema de gestión empresarial dentro del cine. Muerte así la promoción de películas a través del Sistema de Estudios, ahora es el propio protagonista el encargado de buscarle la rentabilidad a la película, su máximo representante. El atractivo del actor de turno deja en un segundo plano al director, el guionista, la ambientación o el vestuario. Nada importa ya sino el actor.

El último paso ya se ha dado, ahora los actores se comunican directamente con el fenómeno fan pasando de televisiones o promociones inútiles gracias a las redes sociales que se están consolidando como denominadores de una nueva era. La carismática Hannah Montana (Miley Cyrus), Britney, Amstrong o Hilton, se comunican directamente a través de Twiter con sus seguidores, fidelizando más si cabe a estas personas. No es necesario decir nada inteligente, una sola frase aumenta el número de visitas, consolida al artista, lo mantiene en el estrellato, y eso vende. Inicio de una mitomanía, que nadie sabe donde acabará y sobre cuya influencia hay que reflexionar. Ya no sólo venden cine, ellos crean moda, estilos, formas y maneras de hablar que son seguidos a la perfección por sus admiradores, y que los entrona en una omnipresencia donde todo lo que tocan se convierte en oro puro.

Pero la estrella no es más que otra innovación de la industria. Creada a partir de la mezcla explosiva del la persona que actúa y el personaje que representa, con su calidades y características, que se fusionan en uno solo creando una fórmula eclipsante para el público en general. Las cualidades del personaje acaban siendo del actor. He aquí donde se reúne el fenómeno fan. Una creación construida a través de los medios de comunicación que publican reportajes donde se difunde una determinada imagen; a través de las editoriales que venden biografías con ingredientes místicos que engalan al personaje de una realidad inventada.

Vidas de lujos esclavizadas a la renta económica que le suministran los estudios y que como cualquier droga, nadie es capaz de dejar. ¿Nos vemos en facebook?

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